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lunes, 30 de abril de 2012
Asesinos encubiertos
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domingo, 29 de abril de 2012
Cuando no mete la pata la estira
Primero una masa viscosa, le sigue un tentáculo, un brazo, un dedo, dos, una mano, eres un ser despreciable.
Ser despreciable [...]
Puede serlo él o referirse a un tiempo presente.
Puede que él no lo sepa, pero sabe que está acabado. Los más recónditos rincones de su macabro raciocinio le está haciendo pasar factura. Primero una luz, luego miles de voces. La locura llama a tu puerta y apestas, amigo, mejor será que te eches algo en esos sobacos negros y putrefactos que te cuelgan del brazo. La locura no es un ser demasiado presentable.
[...]
Dile algo a la locura esperando respuesta. La locura sólo entiende de espacios y situaciones sin sentido, situaciones que las hace pasar todas a la vez a través de una mente vacía y sin filtros, jugando con la visión espacial de aquel desgraciado que se tope con ella.
Tengo dos tarros, llenos los dos.
He de comprar tarros nuevos.
Ayer vacié uno pero se me ha vuelto a llenar de cosas.
Mi cerebro también está lleno, aunque otras veces se vacía, lamentablemente se vuele a llenar.
-¿Tengo algo en el pelo, Ramón?
-No.
[...]
-Sea lo que sea lo que tengo en el pelo me está molestando de sobremanera, intenta quitármelo.
-No tienes nada.
Aquella molestia invisible volvía loco a aquel hombre. Los gestos que hacía con el paso del tiempo preocupaban del todo a Ramón, su compañero de viaje. Empezó a gesticular con los ojos, cerrándolos muy deprisa, como guiñando...muy deprisa. Y luego hizo un juego de boca muy anormal, abriéndola y cerrándola constantemente, mientras se rascaba la cabeza en busca de esa molestia inexistente pero que el creía firmemente que existía.
-Tío, ¿estás bien?
-Agh jalpg, ajjag, torrrqqq.
Cuando Ramón no se quiso dar cuenta su amigo se había quitado los pantalones y los gallumbos y se estaba rascando la cabeza contra un árbol, pero al ver que ese picor extraño no desaparecía lo intentó rascándose con el suelo. Todo fue en vano y todo ocurrió muy deprisa. Ramón desesperaba.
------------
Allí estaba Manuel con su amigo Ramón. Manuel creía que Ramón había dormido poco o algo así. Estaba como distraído, como ausente.
-Ramón, tengo algo en el pelo ¿verdad?
Solo obtuvo silencio por parte de Manuel, que seguía mirando el suelo sin prestar atención a nada de lo que Manuel le decía. Manuel se quedó mirándolo buen rato mientras seguía notando un raro picor en el pelo.
-Joder, no se que coño me pasa en el pelo pero me está amargando el día.
Menuda cara de empanado tiene el Ramón este, pensó.
-Supongo que cada uno está loco a su manera, ¿verdad Ramón?
Ser despreciable [...]
Puede serlo él o referirse a un tiempo presente.
Puede que él no lo sepa, pero sabe que está acabado. Los más recónditos rincones de su macabro raciocinio le está haciendo pasar factura. Primero una luz, luego miles de voces. La locura llama a tu puerta y apestas, amigo, mejor será que te eches algo en esos sobacos negros y putrefactos que te cuelgan del brazo. La locura no es un ser demasiado presentable.
[...]
Dile algo a la locura esperando respuesta. La locura sólo entiende de espacios y situaciones sin sentido, situaciones que las hace pasar todas a la vez a través de una mente vacía y sin filtros, jugando con la visión espacial de aquel desgraciado que se tope con ella.
Tengo dos tarros, llenos los dos.
He de comprar tarros nuevos.
Ayer vacié uno pero se me ha vuelto a llenar de cosas.
Mi cerebro también está lleno, aunque otras veces se vacía, lamentablemente se vuele a llenar.
-¿Tengo algo en el pelo, Ramón?
-No.
[...]
-Sea lo que sea lo que tengo en el pelo me está molestando de sobremanera, intenta quitármelo.
-No tienes nada.
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| Manuel después de un mal día |
-Tío, ¿estás bien?
-Agh jalpg, ajjag, torrrqqq.
Cuando Ramón no se quiso dar cuenta su amigo se había quitado los pantalones y los gallumbos y se estaba rascando la cabeza contra un árbol, pero al ver que ese picor extraño no desaparecía lo intentó rascándose con el suelo. Todo fue en vano y todo ocurrió muy deprisa. Ramón desesperaba.
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| Ramón distraído, como siempre. |
-Ramón, tengo algo en el pelo ¿verdad?
Solo obtuvo silencio por parte de Manuel, que seguía mirando el suelo sin prestar atención a nada de lo que Manuel le decía. Manuel se quedó mirándolo buen rato mientras seguía notando un raro picor en el pelo.
-Joder, no se que coño me pasa en el pelo pero me está amargando el día.
Menuda cara de empanado tiene el Ramón este, pensó.
-Supongo que cada uno está loco a su manera, ¿verdad Ramón?
La presión urbanística se nota
Es una gran ocasión para hablar de la sobreexplotación de nuestras zonas costeras. Hacía tiempo que no visitaba el Clot del Galvany, en Alicante, lo cual habría sido mejor no hacer debido a la gran decepción que me llevé al ver un paraje que visitaba de niño y que hoy tan sólo es un conglomerado de bungalows idénticos con ganas de saborear cada vez más un trozo de tierra nuevo. La presión urbanística no podía ser más alarmante: más de 3000 viviendas separan, por el norte con Los Arenales, la zona que antes juntaba el Clot del Galvany con el mar, y por el sur con otros tantos miles con el Gran Alacant. El resultado de paraje natural + promotoras = decepción, tristeza, bochorno, VERGÜENZA.
Lo que antes eran caminos llenos de encanto y belleza ahora son pasadizos llenos de basura, lo que antes eran lagos donde revoloteaban toda clase de pájaros y otros animales ahora son charcas inservibles con bolsas de plástico flotando y alguna que otra lata en el fondo.
Lo que antes eran caminos llenos de encanto y belleza ahora son pasadizos llenos de basura, lo que antes eran lagos donde revoloteaban toda clase de pájaros y otros animales ahora son charcas inservibles con bolsas de plástico flotando y alguna que otra lata en el fondo.
Esto es el Clot del Galvany. ¿Quieres visitarlo? Yo que tú no lo haría, no esperes observar un espacio natural espectacular, de ser así te estás confundiendo de destino. La Comunitat Valencia ya se sabe.
Pero esto de la sobreexplotación urbanística no es nada nuevo y, lamentablemente ocurre muy a menudo. Hoy he leído una noticia que dice así: 5000 personas protestan contra el hotel Sà Rapita. Esos promotores lumbreras, nada más y nada menos, quieren empezar a levantar un macro hotel en una de las pocas playas vírgenes que quedan en Mallorca, pero los vecinos no han dado su brazo a torcer y están luchando con todos sus medios para impedir tal salvajada típica de una persona con poco cerebro, personas que le faltó oxígeno en el momento de nacer, bastardos sin respeto por nada ni por nadie que venderían a sus madres por un puñado de billetes de 50. Esos son, sin duda, los que 'levantan el país'. Con cemento, por supuesto.
Oleada a Camilo José Cela
Me estoy leyendo el libro 'La colmena', espectacular desde todo punto de vista (bravo Cela). Mientras leo voy subrayando cosas que me gustan, cosas que tienen cierto interés. Hoy voy aquí a incluir algunas frases o textos cortos del libro, además de otras tantas cosas que me han parecidas apropiadas para lo que nos ocupa.
Primero una frase hecha. Muchos no nos paramos a pensar de donde provienen o, al menos, que significan muchas de las frase hechas con que nos topamos a lo largo del día. Una tan escuchada por nosotros como es: comer a la sopa boba tiene más de un significado oculto:
Comer a la sopa boba: lo que se obtiene sin esfuerzo ni trabajo y sin merecerlo. Procede del caldo que repartían antiguamente en la portería de algunos conventos a mendigos y a estudiantes pobres, a los que se llamaba sopistas.
'La vida es esto. Con lo que unos se gastan para hacer sus necesidades a gusto, otros tendríamos para comer un año.'
Una frase genial del libro que mantiene una crítica severa durante todo el capítulo acerca del mal vivir del período de postguerra.
'La compasión viene a ser el antídoto del suicidio, por ser un sentimiento que proporciona placer y que nos suministra, en pequeñas dosis, el goce de la superioridad.'
No es del todo adecuado remarcar esta frase del libro sin comprender el contexto del resto del párrafo, aún así es una frase representativa del autor. No deja de darnos el aviso de la clase de gente que se movía (y que aún se mueve) por aquella época; el ayudar a alguien a superar un obstáculo sólo servía para el bien del primero y no del desgraciado.
'¡No debemos entorpecer la acción de la justicia! ¡Debemos abstenernos de opinar antes de tiempo! ¡Soy el jefe de casa y tengo el deber de evitar toda posible coacción al poder judicial!'
Cabe destacar en esta frase lo que era, en aquella época, un Jefe de Casa (significado tal y como viene estipulado en una connotación del libro): durante los primeros años de postguerra, la dureza de la represión política llegó a escoger en cada casa al vecino más adicto a la causa franquista para encomendarle la vigilancia del resto de habitantes del inmueble. Se le llamó 'jefe de casa' y su firma era imprescindible para algunos documentos.
El sereno: vigilantes nocturnos sin carácter de autoridad y provistos, como única arma, de un grueso garrote terminado en un hierro. A la vez que velaban por la tranquilidad de la calle, guardaban las llaves de todos los portales de la zona, y podían facilitar informes sobre las costumbres de los vecinos. Circunstancias de diversa índole motivaron la desaparición de estos antiguos vigilantes.
Perra gorda y chica: moneda de cobre con un valor de diez céntimos de peseta, o chica, con valor de cinco céntimos. Ambas constituían la llamada calderilla. El origen del nombre es popular y proviene del dibujo de la primitiva acuñación, en el que aparecía un león de defectuoso diseño, que fue tomado por una perra.
Estos son algunos de los extractos que deseaba compartir con vosotros. El libro es una gozada, muy ligero de leer y con mucho poderío entre líneas. Recomendadísimo.
Saludos.
Primero una frase hecha. Muchos no nos paramos a pensar de donde provienen o, al menos, que significan muchas de las frase hechas con que nos topamos a lo largo del día. Una tan escuchada por nosotros como es: comer a la sopa boba tiene más de un significado oculto:
Comer a la sopa boba: lo que se obtiene sin esfuerzo ni trabajo y sin merecerlo. Procede del caldo que repartían antiguamente en la portería de algunos conventos a mendigos y a estudiantes pobres, a los que se llamaba sopistas.
'La vida es esto. Con lo que unos se gastan para hacer sus necesidades a gusto, otros tendríamos para comer un año.'
Una frase genial del libro que mantiene una crítica severa durante todo el capítulo acerca del mal vivir del período de postguerra.
'La compasión viene a ser el antídoto del suicidio, por ser un sentimiento que proporciona placer y que nos suministra, en pequeñas dosis, el goce de la superioridad.'
No es del todo adecuado remarcar esta frase del libro sin comprender el contexto del resto del párrafo, aún así es una frase representativa del autor. No deja de darnos el aviso de la clase de gente que se movía (y que aún se mueve) por aquella época; el ayudar a alguien a superar un obstáculo sólo servía para el bien del primero y no del desgraciado.
'¡No debemos entorpecer la acción de la justicia! ¡Debemos abstenernos de opinar antes de tiempo! ¡Soy el jefe de casa y tengo el deber de evitar toda posible coacción al poder judicial!'
Cabe destacar en esta frase lo que era, en aquella época, un Jefe de Casa (significado tal y como viene estipulado en una connotación del libro): durante los primeros años de postguerra, la dureza de la represión política llegó a escoger en cada casa al vecino más adicto a la causa franquista para encomendarle la vigilancia del resto de habitantes del inmueble. Se le llamó 'jefe de casa' y su firma era imprescindible para algunos documentos.
El sereno: vigilantes nocturnos sin carácter de autoridad y provistos, como única arma, de un grueso garrote terminado en un hierro. A la vez que velaban por la tranquilidad de la calle, guardaban las llaves de todos los portales de la zona, y podían facilitar informes sobre las costumbres de los vecinos. Circunstancias de diversa índole motivaron la desaparición de estos antiguos vigilantes.
Perra gorda y chica: moneda de cobre con un valor de diez céntimos de peseta, o chica, con valor de cinco céntimos. Ambas constituían la llamada calderilla. El origen del nombre es popular y proviene del dibujo de la primitiva acuñación, en el que aparecía un león de defectuoso diseño, que fue tomado por una perra.
Estos son algunos de los extractos que deseaba compartir con vosotros. El libro es una gozada, muy ligero de leer y con mucho poderío entre líneas. Recomendadísimo.
Saludos.
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domingo, 22 de abril de 2012
Desaparecido
Desapareció sin dejar rastro. Un día estaba, al otro no. Nadie conoce lo ocurrido, ya que no era un personaje público digno de reconocerse su repentina desaparición; sólo unos pocos se han enterado del suceso: sus seres queridos.
-¿Has oído lo que le ha pasado a José?.
-¿A quién?
Un muchacho espabilado se entera de lo ocurrido y se dispone a preguntar a la gente si había visto algo raro en el pueblo los días anteriores pero las respuestas negativas eran abrumadoras, quitándole al muchacho las ganas de seguir con su sinuosa investigación detectivesca.
-¿Conocías a José, el hombre que ha desaparecido?
-¿A quién?
Buscaba incansable por los alrededores de la casa de José, deseoso de hallar alguna pista. Se abre la puerta de la casa y aparece su humilde esposa, quién ya tenía en la frente la estampilla de: "Enviudada". Tenía los ojos hinchados, reflejo de haber pasado una noche en un mar de lágrimas recordando, sin duda, la buena vida que había pasado junto a José.
[...]
Aquel niño espabilado creció. Su incansable interés de investigación creció hasta desear llegar a ser detective; sacó la carrera de periodismo y se especializó en los reportajes de investigación; fue columnista de un pequeño periódico local, puesto que ocupó durante 3 años hasta su despido; estuvo trabajando como ayudante de un "famoso" detective de su pueblo natal, nada especial, llevaba cafés, limpiaba un poco aquí y allá, arreglaba el papeleo, etc. hasta que el detective no necesitaba más de sus servicios y lo largó. Este niño grande ahora trabaja como comercial de una conocida compañía telefónica. Si no vende no come. Un día se propuso relajarse y olvidarse momentáneamente de su pueblo y de su asqueroso curro de mierda, agarró su bicicleta y tiró monte para arriba hasta llegar a un claro al que iba de niño a jugar con sus amigos. El claro estaba rodeado de árboles dotados con un aura de misteriosa belleza que abrumaba a la vista y tildaba de hermosos matices el subconsciente de aquel que lo visualizara. De repente un movimiento insospechado, un movimiento fugaz de alguien que no estaba invitado, luego una sombra, después un zapato y agarrado a éste una pierna que avanzaba hacia nuestro protagonista. Era José. El tiempo pasa para todo el mundo, estaba ya algo viejo.
-¡Don José! ¿Dónde se había metido usted? Lo creíamos muerto
-He venido a escaparme del mundo real, muchacho.
-¿Has oído lo que le ha pasado a José?.
-¿A quién?
Un muchacho espabilado se entera de lo ocurrido y se dispone a preguntar a la gente si había visto algo raro en el pueblo los días anteriores pero las respuestas negativas eran abrumadoras, quitándole al muchacho las ganas de seguir con su sinuosa investigación detectivesca.
-¿Conocías a José, el hombre que ha desaparecido?
-¿A quién?
Buscaba incansable por los alrededores de la casa de José, deseoso de hallar alguna pista. Se abre la puerta de la casa y aparece su humilde esposa, quién ya tenía en la frente la estampilla de: "Enviudada". Tenía los ojos hinchados, reflejo de haber pasado una noche en un mar de lágrimas recordando, sin duda, la buena vida que había pasado junto a José.
[...]
Aquel niño espabilado creció. Su incansable interés de investigación creció hasta desear llegar a ser detective; sacó la carrera de periodismo y se especializó en los reportajes de investigación; fue columnista de un pequeño periódico local, puesto que ocupó durante 3 años hasta su despido; estuvo trabajando como ayudante de un "famoso" detective de su pueblo natal, nada especial, llevaba cafés, limpiaba un poco aquí y allá, arreglaba el papeleo, etc. hasta que el detective no necesitaba más de sus servicios y lo largó. Este niño grande ahora trabaja como comercial de una conocida compañía telefónica. Si no vende no come. Un día se propuso relajarse y olvidarse momentáneamente de su pueblo y de su asqueroso curro de mierda, agarró su bicicleta y tiró monte para arriba hasta llegar a un claro al que iba de niño a jugar con sus amigos. El claro estaba rodeado de árboles dotados con un aura de misteriosa belleza que abrumaba a la vista y tildaba de hermosos matices el subconsciente de aquel que lo visualizara. De repente un movimiento insospechado, un movimiento fugaz de alguien que no estaba invitado, luego una sombra, después un zapato y agarrado a éste una pierna que avanzaba hacia nuestro protagonista. Era José. El tiempo pasa para todo el mundo, estaba ya algo viejo.
-¡Don José! ¿Dónde se había metido usted? Lo creíamos muerto
-He venido a escaparme del mundo real, muchacho.
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sábado, 21 de abril de 2012
Relaja la raja
A sólo un cuarto de hora para el pitido inicial del derby que se va a jugar hoy se empieza a notar la presión futbolística en la nuca de los que nos importan una mierda los eventos de esta índole. Internet va loco, el tio del Marca emite 'en directo' a través de un chat lo que está ocurriendo media hora antes del partido en el campo: - Sí, confirmado, han entrado 3 nuevas personas en el estadio; alguien en el twitter escribe: ¡Fútbol bueno y cena rica!. Internet está que arde, amigo, y tú eres testigo de lo que está pasando, aquí y ahora, la atención está puesta hace días sobre un partido que, hasta entonces, tan solo era una ilusión en la mente de unos cuantos, pero aún con todo esto ocupa mucho más lugar que los asuntos verdaderamente importantes que suceden alrededor nuestro. Cierto, no se puede estar en todo, pero me remito a una frase que aparece en el libro de Trainspotting (bravo Welsh) acerca del balompié: 'Las divisiones futbolísticas eran un sin sentido estúpido e irrelevante que actuaba en contra de los intereses de la unidad trabajadora, asegurando que la hegemonía de la burguesía quedase intacta.'
sábado, 14 de abril de 2012
La confianza apesta
Hace poco terminé de leer el libro Guía del autoestopista galáctico, fabuloso desde cualquier punto de vista. Me chocó un texto del libro en el que uno de los protagonistas le habla al otro de como ser un verdadero autoestopista; éste le cuenta que antes que cualquier otro objeto que llevar a la aventura es necesario que siempre tenga a mano y de manera visible una toalla. Sí, una simple toalla. ¿Porqué? Yo me supuse que sería algún tipo de chascarrillo del autor para dotar al párrafo de un toque de humor inglés, pero conforme prosigue la lectura te das cuenta de que no, de que el autor quiere envolver una frase ingeniosa de humor a la par que quiere dar a entender que los autoestopistas por defecto no están bien vistos por la gente ajena, inculcando en la mayoría de los casos misterio e incluso terror, algo que a la gente sólo le gusta ver por la televisión, pero no "sufrirlo" en sus propias carnes. La toalla, en definitiva, le sirve al autoestopista para dotarle de una especie de compenetración con el mundo real, de amistad digamos. Le sirve para hacer creer a los demás que, a pesar de la dura vida de ser autoestopista, sigue quedándole tiempo para hacer sus menesteres de limpieza y aseo personal y, sobre todo, de que vive en el mundo real. La limpieza. La limpieza está estrechamente relacionada con la primera impresión que la gente ajena ingiere del autoestopista, sopesando sobre ella la decisión de recogerle o no. Pero, ¿porqué la limpieza?; evidentemente por que la limpieza personal forma parte del yo físico y, por lo tanto, del yo que va a entrar por los ojos de la persona que te quiera recoger. Cuando alguien piensa en recoger a un autoestopista en el momento que lo ve comienza la tramitación de un duro juicio en su cabeza, acerca, primero, del aspecto de aquella persona, y segundo, de los objetos que porta con él. La toalla es un objeto tan magnífico que supera la primera acusación y la segunda de sobremanera. Es más, ni siquiera es necesario que supere la primera acusación del aspecto, por que inmediatamente al valorar la segunda, el que quiere recoger a aquella persona se cerciora de que debe ser una maravillosa persona, a saber: 1) si lleva una toalla es por que le preocupa el que dirán, y eso es inmediatamente bueno para el que lo quiere recoger, por que el que cuida su imagen para satisfacción de otros es una gran persona, 2) es alguien limpio, alguien que se preocupa de su salud y que, por lo tanto, tiene un camino fijo que seguir en la vida, es una persona segura de sí misma e inofensiva, 3) no se ha olvidado de su toalla, esto cuanto menos, es importante. El hecho de llevarla consigo demuestra ser una persona capaz y atenta.
¿Pero qué conclusión se puede sacar de un texto como el que se acaba de exponer?. El dicho: no juzgues un libro por la portada es más que sabido por tod@s nosotr@s, ahora bien, ¿se cumple esto en todos los casos cotidianos? El texto que expone el autor en el libro es una ironía sutil que quiere dar a entender que para que te hagan caso en el mundo real tienes que ser como ellos quieren que seas, nunca como eres tú de verdad. Una verdadera lástima. El mundo que habitamos se rige por la imagen superficial de la persona, un juicio moral que carece por completo de personalidad alguna, pero que lo han sabido montar de una forma tan perfecta que la gente se lo ha creído y, además, lo cumple con una rigurosidad asombrosa.
¿Pero qué conclusión se puede sacar de un texto como el que se acaba de exponer?. El dicho: no juzgues un libro por la portada es más que sabido por tod@s nosotr@s, ahora bien, ¿se cumple esto en todos los casos cotidianos? El texto que expone el autor en el libro es una ironía sutil que quiere dar a entender que para que te hagan caso en el mundo real tienes que ser como ellos quieren que seas, nunca como eres tú de verdad. Una verdadera lástima. El mundo que habitamos se rige por la imagen superficial de la persona, un juicio moral que carece por completo de personalidad alguna, pero que lo han sabido montar de una forma tan perfecta que la gente se lo ha creído y, además, lo cumple con una rigurosidad asombrosa.
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